viernes, julio 12, 2013

Compulsiones heredadas... a medias.

Me considero una mujer muy limpia, de hecho a veces caigo en la obsesión-compulsión en eso de la higiene de mi hogar.  Mi madre también era así y creo que mi hermana Aracely y yo heredamos esa condición de ella.  La Panchis, mi hermana la de en medio dice que de plano, a ella no le tocó esa parte del legado materno.

Realizar las labores domésticas, al contrario de lo que ocurre con muchas mujeres, es una actividad que disfruto mucho.  Me encanta lavar trastes, limpiar el baño (sí, el baño), barrer, trapear, y cocinar.  Pero cómo todo en la vida, no todas las tareas del hogar me agradan.  Me choca limpiar muebles, guardar los trastes en las alacenas, doblar y guardar ropa, PLANCHAR: de hecho cuando trabajaba fuera de mi casa, fue la única labor que contrataba en un negocio de esos de planchado doméstico ¿Algo más? LAVAR EL REFRIGERADOR.

Sí, soy Ana y odio limpiar el refri.  Es una tarea que trato de evadir al máximo y tomo la esponja, el trapo y el jabón cuando la comida cobra vida y se sale del aparato así cómo en el programa de "Los Dinosaurios" y los restos de comida crean un ecosistema propio... bueno, no tanto pero sí postergo mucho la labor de limpieza del refrigerador, más allá de lo que establecen los cánones de la higiene doméstica.

Ayer contra mi voluntad me dispuse a lavarlo, la verdad es que ya estaba medio cochinón.  Por fortuna Gael mi cachorro menor se ofreció a ayudarme, no se si en un afán auténtico por auxiliarme o por el deseo de llenarse de espuma y agua.  Mientras sacaba las charolas, los alimentos, los tarros congelados y todos los artículos que se almacenan en dicho aparato me acordé de una vez que mi madre me puso a lavar el refri.

No me acordé del hecho porque fuera una situación aislada, mi madre en una de sus obsesiones-compulsiones limpiaba el refrigerador con bastante frecuencia, y cuando ya sus capacidades físicas fueron mermando, pues adivinen a quién le asignaba la tarea... ¡Claro! ¡A MI! cómo era la única hija soltera que la limpieza sí le gustaba, pues me sacaba la rifa del tigre.

La vez de la que hablo fue una ocasión en la que ya tenía varios días amenazando con que el fín de semana quería que le ayudara a dicha labor.  Yo finjía demencia, como si eso fuera suficiente para quitar la idea de su mente.  Llegó el viernes y tuve una reunión con la familia de mi Polluelo, me tomé creo que tres cervezas y cómo en esa época fue una de las muchas ocasiones en las que me he puesto a dieta y las bebidas alcohólicas y más, las de cebada, estaban prohibidas en mi régimen.  Al desacostumbrar a mi pesada humanidad a la ingesta de alcohol, los tres pomos que me eché hicieron estragos, en especial al día siguiente.

Sentía en mi cabeza cómo si alguien con muy poco sentido del ritmo estuviera tocando la tambora y mi estómago estaba más sensible que una mujer con Síndrome Premenstrual.  Me estuve acostada hasta tarde y pensé ingenuamente que mi a mi madre se le había olvidado la loca idea de que le ayudara a limpiar el refri.  Así estuve cómo hasta medio día, hasta que por fin me levanté, me bañé y volví a la cama.  Apenas había colocado la cabeza sobre la almohada cuando mi madre me dijo: "Hija, ya saqué todo lo del refri para que nada más lo limpies y laves y seques las charolas, si quieres yo guardo las cosas."  Sonó hasta tierno y condescendiente, pero la verdad es que me quería joder la vida porque andaba cruda.

"Mamá" - le respondí-  "Me siento bien mal.  Traigo naúseas y me duele la cabeza.  No creo poder ayudarte".  Y ella me replica con firmeza:

- ¿Para qué te emborrachaste?"
- Claro que no, sólo me tomé tres.
- ¡Ay sí! a mí no me haces pendeja ¡Andale levántate!

Pues ni hablar, me tuve que levantar a ayudarla soportando los olores de alimentos mezclados y encerrados por aproximadamente una hora.  Aunque me dí prisa, de repente sentía que la tambora en mi cabeza sonaba más fuerte y la mujer con SPM se acercaba más a la fecha de su período.  Por fortuna llegó mi hombre, en ese entonces éramos novios, con un clamato y una cerveza.  Si pudiera darles la referencia gráfica para que se den una idea de lo que vi en ese instante: la cocina se iluminó, la vida corrió en cámara lenta por unos segundos y corrió un "airecito" igual al que sale en "La Rosa de Guadalupe".  Luego de que mi Pollo muy solícito se dispuso a prepararme el clamato y que mi madre, le reclamara por qué me dejó tomar, me ingerí el clamatito con singular alegría.

Acto seguido, mi mamá me dijo con una mezcla de ironía y ternura: "Vete a acostar, yo termino".  Claro, luego de que lavé toooodo el refri.  Jajajaja, aunque en su momento me provocó un poco de coraje, hoy lo recuerdo con cariño y me encantaría poderla ayudar en esta tarea.  Lástima, ya no puedo.

Por lo pronto, espero que mi refri limpio me aguante de perdida hasta finales de este año, digo si no es mucho pedir.



P.D. Ya estoy sacando y lavando la ropita playera.  Ya me dan ansias.

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